MI HISTORIA
Si buscas «hija única» y «Géminis» en el diccionario, probablemente salga mi foto. Desde pequeña tuve claro que el silencio no era lo mío. Mi juego favorito era convertir el salón de mi casa en un escenario y obligar a mi familia a ser mi público.
Pero mi verdadera suerte fue mi abuela. Ella era como mi superheroína: yo diseñaba algo en un papel y ella, con sus manos de modista de alta costura, lo hacía realidad. Ver mis dibujos convertidos en vestidos fue mi primer gran sueño cumplido. De ahí vengo: de una estirpe donde mi bisabuela ya cosía para Balenciaga.
Luces, cámara y... La Voz
Soy María Moreta; la mente creativa detrás de YSY.
Esa niña del salón que jugaba a disfrazarse, y a imitar a sus personajes favoritos, creció y se tomó el escenario en serio. Me licencié en Artes Escénicas y me diplomé en Canto Moderno. Maduré pronto y la disciplina era mi bandera: Actué en muchos escenarios de España, grabé videoclips y viví el subidón de estar en la primera edición de «La Voz» junto a Malú. Por supuesto aprendí que la imagen comunica antes de que entones la primera nota, pero mi cuerpo me tenía preparada una prueba distinta.
27 años: Mi cuerpo dijo basta (y el gluten también)
Mientras algunas estrellas de la música se volvían leyendas a los 27, yo me convertía en leyenda de la sección «Sin» del supermercado. Durante años, mi estómago fue una zona de guerra: siempre mala, siempre débil y con un peso que parecía de broma. Nadie sabía qué me pasaba, hasta que llegó el diagnóstico.
Fue duro, sí, pero se convirtió en mi Máster no oficial en Resiliencia. Aprendí a leer etiquetas como si fueran novelas de misterio, a cuidar mi cuerpo como la pieza de museo que es y a buscar el «Plan B» (y el C, y el D) cuando el mundo solo me ofrecía gluten. Hoy, esa meticulosidad para encontrar soluciones donde otros solo ven problemas es mi superpoder estrella en cada asesoría.
Publicidad, adrenalina y un León en Cannes:
Como buena Géminis, mi hambre de aprender no tiene fin. Decidí ver qué pasaba detrás de las cámaras y me saqué un Máster en Comunicación y Eventos, pero me pasé el juego: terminé haciendo prácticas en los Goya y en los Premios Forqué.
De ahí salté a las agencias de publicidad, donde aprendí a vivir a base de adrenalina y exigencia máxima. Llevé cuentas como Reebok y lideré el proyecto de Tanqueray Sevilla, que fue un éxito tan brutal que nos llevamos un premio en Cannes. Allí aprendí la lección de oro: la creatividad sin estrategia es solo humo. Aprendí a ser rápida, eficaz y a no aceptar nada que no roce la excelencia.
2020: La "no boda" y el nacimiento de YSY
Tenía el plan perfecto para mi boda con Daniel, pero el mundo decidió que no era el momento. Mi boda se convirtió en una «no boda», pero en mitad de aquel caos, me quedé con mis dos grandes tesoros: mi vestido de novia con 5 metros de cola y el de la fiesta, diseñado por mí y cosido por las manos de mi abuela.
Ver ese vestido colgado en el armario me hizo entender algo profundo: YSY no nació de una oportunidad de negocio, nació de una necesidad del alma. Siempre he tenido el «don» (o la manía de Géminis) de ver lo bueno, lo bello y el potencial que cada persona guarda, incluso cuando ellas mismas no pueden verlo. De ese deseo de rescatar la esencia de los demás, entre hilos y resiliencia, nació este proyecto.
Hoy: Mi vocación es ayudarte a brillar
Emprender es lo más duro y lo más bonito que me ha pasado nunca. Después de girar por escenarios, pisar alfombras rojas y ganar premios en publicidad, he entendido que nada me llena tanto como acompañarte a ti. Todo lo que he vivido hasta hoy ha sido una experiencia brutal, pero lo que te ofrezco ahora es, con diferencia, mi versión más profesional y honesta.
Sigo estudiando y devorando libros para mi tesis doctoral sobre colorimetría y comunicación no verbal porque te mereces rigor, no solo consejos de moda. Mi formación no es para asesoras de imagen; es un servicio 360 para cualquier persona que necesite volver a habitar su piel con orgullo y seguridad.
Aquí no hay protocolos fríos ni soluciones en serie. Estoy yo, María Moreta, con mi ciencia y mi corazón, lista para que empecemos en febrero. Porque mi gran vocación es, sencillamente, que tú brilles.